Abuelos maternos y paternos de

Somos carniceros de toda la vida

Nuestra empresa es fruto de la confluencia de dos familias con tradición ganadera. Unos desde la parte de la cría de ganado vacuno y otro desde la venta de carnes rojas y toda clase de vacuno. Vamos por partes:

Agustín, nuestro abuelo materno

En la parte derecha de la imagen aparece nuestro abuelo Agustín unos meses antes del estallido de la guerra civil en 1936. Se dedicaba a la cría de ganado de vaca morucha autóctona de Salamanca. El abuelo Agustín, tocayo de mi socio y hermano, tenía un gran celo a la hora de formar su ganadería. Se quedaba sólo con aquellas reses que cumplían los requisitos que, según su criterio, eran óptimos.

En una ocasión, mi abuelo tuvo una apasionada discusión con un tratante porque estaba negociando la venta de unas vacas moruchas con motas blancas y esto para mi abuelo era inaceptable. Las suyas debían ser completamente negras. De estas negociaciones, creo que sacamos el carácter de exigir al máximo la calidad en nuestro negocio.

Gonzalo, nuestro abuelo paterno

El hombre del sombrero que ves en la imagen es nuestro abuelo Gonzalo en 1945, paseando por Torres Villarroel en Salamanca después de haber ido a los toros. Pasea junto a nuestro padre Cipriano (el de los bombachos) y nuestro tío.

Recuerdo que cuando éramos pequeños, nos llevaba a la feria de ganado del Puente Romano de Salamanca. Mi abuelo Gonzalo, del que procede mi nombre, era harinero de inicio, sin embargo, cambió de sector e inició la tradición familiar de tratantes de ganado y carniceros, que luego continuaría mi padre antes de especializarse en la venta de carne de vacuno en exclusiva. Nuestro abuelo, fue un hombre bastante exitoso en el mundo del ganado y obtuvo varios premios a los mejores ejemplares en peso y calidad en diversas ferias de la localidad salamantina.

Cipriano, nuestro padre

A pesar de que la tradición venía ya de años, fue mi padre el que fundó nuestra empresa actual y nos encaminó, tanto a mi hermano cómo a mi, hacía el respeto a los animales y la excelencia a la hora de procesar y tratar la carne de vacuno.

Nuestro padre era un hombre muy inquieto para el que siempre fue muy importante convertirse en referencia en aquello que hiciera. Ahora, es habitual la profesionalización en los negocios y la mayoría de gente conoce bien todas las facetas del mismo, sin embargo, en ese momento mi padre se convirtió en una referencia y en símbolo de garantía de calidad de sus productos en un mundo en que abundaba la picaresca.

Mi padre, nos inculcó tanto a mi hermano cómo a mí, que es mucho mejor vender algo que sabes que es bueno y conoces bien, que vender más de muchos productos que conoces menos. Por eso, decidimos construir nuestra propia sala de despiece y controlar de manera mucho más cercana a nuestros proveedores, tanto de carnes como de servicios.

Nos legó una pequeña empresa que comenzaba a hacer sus pinitos en la venta al por mayor y hoy en día estamos clasificados como gran empresa entre las 100 mayores cárnicas de España y entre las 10.000 empresas más grandes de España.

Hoy, pasamos nuestro día a día vestidos con ropa de trabajo por nuestro continuo trasiego por la sala de despiece. Mostramos orgullosos a clientes, auditoras y a todas aquellas personas que quieran visitarnos nuestra forma de trabajar para demostrar nuestra limpieza, orden y control en todos los procesos.